En la foto parecen una familia feliz, pero la verdad es increíblemente brutal

Era el año 1943, y los nacionalsocialistas le habían declarado la guerra a gran parte de Europa con el fin de expandir el Imperio Alemán. Los nazis ocupaban un país tras otro mientras el número de muertes de personas inocentes alcanzaba niveles terroríficos. Los judíos de toda Europa se encontraban atrapados en un callejón sin salida, y Polonia no era la excepción. 

World War 2

Michael Hochberg tenía cuatro años en ese entonces y vivía con su familia en un gueto judío de la capital polaca, Varsovia, en el que el número de personas era mínimo debido a las deportaciones masivas. Sus padres eran conscientes del cruel destino que les esperaba a todos aquellos que subían a los trenes que partían de la ciudad casi a diario. Un día, la madre de Michael no pudo soportarlo más. Con la esperanza de salvar por lo menos a su hijo, lo arrojó por encima de un muro hacia una parte de la ciudad que no era judía. Había llegado a un acuerdo con algunos miembros de la resistencia polaca, quienes recogieron al niño y lo llevaron a un lugar seguro. 

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Michael fue acogido justo a tiempo por una pareja católica, Rosalla y Josef Jakubowska. Poco tiempo después, dio inicio el Levantamiento de Varsovia, el cual fue rápida y brutalmente reprimido por los invasores nazis. Michael todavía recuerda haber visto a través de la ventana las llamas iluminando el oscuro cielo. 

Durante dos largos años, los Jakubowska escondieron a su hijo adoptivo, y el pequeño Michael rara vez veía la luz del sol. Salir a la calle durante el día era demasiado peligroso, así que la pareja solo lo sacaba a pasear cuando estaba obscuro. Rosalla y Josef también formaban parte de la resistencia y se negaron a ceder a la invasión nazi. A menudo recibían mensajes de los invasores para recordarles que la gente que escondiera judíos estaba poniendo la vida de su familia en peligro. Pero los Jakobowska no dudaron en seguir protegiendo a Michael como si fuera su propio hijo. 

Youtube/Inside Edition

Cuando por fin terminó la guerra, Michael seguía vivo gracias a la valentía de los Jakubowska. Sin embargo, poco después, se enteró de que sus padres habían muerto en un campo de concentración. Rosalla y Josef querían que el niño se reuniera con su familia y lo llevaron a un orfanato, donde posteriormente lo recogieron los parientes que habían sobrevivido. En los años 50 emigró a Israel y formó su propia familia, pero nunca se olvidó de la familia polaca que arriesgó su vida por él. 

Youtube/Inside Edition

Luego de mucho tiempo, sucedió algo muy especial. Setenta años después de la guerra, Michael se enteró de que Kristina, la hija de Rosalla y Josef seguía viva y que residía en Varsovia. Contactó con ella e hicieron una cita en Nueva York. Décadas más tarde, Michael se reunió con su "hermana mayor". Fue una escena muy conmovedora. Michael siempre se había referido a Kristina como su "flor" y se aseguró de llevarle un bellísimo ramo el día de su reencuentro. 

Youtube/Inside Edition

Puedes ver su hermosa reunión en este vídeo (en inglés):

Se trata de una historia de pérdidas, sacrificios y supervivencia. Pero también es una prueba de que las brutalidades de la guerra no pueden destruir la humanidad. Siempre hay personas cuya fortaleza de carácter emerge en los momentos difíciles y les permite hacer lo correcto, incluso si arriesgan sus propias vidas. Y son estas personas las que encuentran una esperanza donde todo parece perdido.

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