Hombre en bancarrota crea una exitosa empresa con solo 9 dólares

La vida a veces nos enfrenta a pruebas que desafían todo lo que somos. En ocasiones parece que todo se nos viene encima, que no hay salida al final del túnel y que no hay forma de huir de nuestros problemas. Así se sentía Matías Leiva, un chileno de 35 años, cada vez que llegaba a fin de mes sin ningún peso en la billetera. 

A pesar de que trabajaba en una empresa de transportes, el dinero sencillamente no alcanzaba. Tenía demasiadas deudas, las mismas que había obtenido para poder pagar pequeñas cosas que su sueldo no se lo permitía, algo habitual en Chile. Ahora debía más de 8 millones de pesos al banco, un poco más de 12.000 dólares. Miró lo que había en su bolsillo para el resto del mes: solo 6.000 pesos, es decir, 9 dólares.

La fortaleza está en no dejarse vencer frente a los problemas, y Matías decidió que tenía que hacer algo al respecto. Usó esos 9 dólares para comprar harina, levadura, jamón y queso y, al día siguiente, el 12 de octubre del año 2015, salió a las calles del centro de Santiago a vender 12 sándwiches. 

“Me decían: pero cómo se te ocurre, ¿no te da vergüenza salir a la calle?”, cuenta Matías. Pero él tenía un objetivo. Así nació “La insolencia”, su empresa de sándwiches que ahora ya es un imperio, con más de 21 trabajadores y 2.500 panes vendidos cada día. 

“Nosotros no creamos un sándwich, no creamos un negocio para vender sándwich. Nosotros creamos un concepto, creamos una marca, creamos una forma de entender una realidad”. Todos los días, los trabajadores de “La insolencia” se levantan a las 3 o 4 de la mañana para llegar a trabajar a las 5. Lo primero que hacen es abrir los panes y, luego, comienzan a preparar las distintas y exquisitas creaciones. 

Los sándwiches son, además, de una calidad increíble. Cada día mezclan distintos ingredientes para deleitar la boca de todos quienes transitan por las calles de la ciudad.

Pero no son vendedores ambulantes como cualquier otro: todos llevan un lindo uniforme y un gran canasto. Matías se inspiró en las antiguas vendedoras de los cines, que iban por la sala ofreciendo cigarros y chicles. Es esta movilidad y flexibilidad lo que le ha permitido llegar a muchas más personas. Pero hay también otro factor que nadie puede copiar ni imitar: la amabilidad y simpatía de los empleados. No solo venden panes, ¡sino que contagian a todo el mundo con su alegría! 

Dependiendo de la época del año utilizan distintos colores y atuendos. A veces se visten como payasos, con vestimentas tradicionales, o llevan paraguas. Algunos van en bicicleta y otros en patines. ¡Son geniales! 

Lisbay Urdaneta, de 22 años, es una de las fieles trabajadoras de la empresa: “Ese día que Matías nos contrató, para nosotros fue especial, porque sabíamos que ese fin de semana no íbamos a pasar. No teníamos dinero para la comida. No teníamos para más nada. Los muchachos tenían seis meses de que no probaban el pollo”. 

Lisbay y sus hermanos son inmigrantes venezolanos. Desde su llegada a Chile, no habían podido encontrar trabajo ni integrarse, pero Matías cambió sus vidas: “Nos hacía falta un apoyo aquí, nos hacía falta un lugar que fuera como esto. Una empresa, pero que también fuera familia al mismo tiempo”.

“La insolencia” es una historia de superación, perseverancia y esfuerzo. La realidad de Matías es una que vivimos muchos más. Son esas situaciones en las que no tenemos nada cuando sacamos lo mejor de nosotros mismos para salir adelante.

Sin embargo, aunque Matías ahora sea un exitoso empresario, no ha olvidado cómo todo comenzó. Su humildad es lo que hace que "La insolencia" sea no solo una empresa, sino que también una familia. Todos quienes trabajan con él le son fieles por lo mismo, porque han vivido historias similares o peores, y se han comprometido 100% con su labor al ver la pasión y  la solidaridad de Matías. Como bien dice Lisbay, “Entonces uno lo que hace es… esto. Dar lo más que puede y trabajar hasta más no poder”. 

Para ver la historia completa y la entrevista a Matías, haz click en el siguiente video: 

Créditos:

The Clinic

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